El Barcelona se convirtió este domingo en el nuevo líder de la Liga gracias a su victoria por la mínima frente a la Real Sociedad, susto incluido (2-1). Álvaro Odriozola adelantó a los donostiarras, pero Jules Koundé y Robert Lewandowski voltearon el marcador.
El duelo estuvo marcado por las bajas del Barça y el once tan poco reconocible que alineó Hansi Flick. Dro Fernández, Bardghji, Rashford y Araujo fueron algunas de las novedades en Montjuic, donde se esperaba con los brazos abiertos el regreso de Lamine Yamal tras la lesión.
La sorpresa llegó con el gol de Odriozola, que adelantó a la Real. Fue una gran jugada en la que se ubicó dentro del área como un delantero centro y remató a placer en boca de gol. Montjuic se quedó congelado. El Barça, a pesar del mazazo, mantuvo la iniciativa, como hizo durante el resto del encuentro.
La posibilidad de hacerse con el liderato era demasiado apetecible para renunciar al triunfo. El empate en Vallecas (1-1) ya queda muy lejos tras otro buen inicio de temporada.
Los culés consiguieron su ansiado objetivo en la previa del descanso, el momento perfecto. Koundé remató un balón en el primer palo tras un saque de esquina y gritó de rabia por haber devuelto el duelo al punto de partida. El rugido de Montjuic, sin embargo, no se escuchó con el tanto del empate, sino con la vuelta de Lamine Yamal, como si se hubiese producido el regreso del hijo pródigo. Su salida fue un soplo de aire fresco para el Barça, números al margen, porque en el fútbol no puede cuantificarse todo.
Una gran jugada individual de Lamine sirvió para que Lewandowski rematara un balón en el segundo palo y adelantara a los culés. La sonrisa de Lamine era, en realidad, la de todo el estadio.
El duelo estuvo cargado de épica hasta el tramo final. Take Kubo remató al larguero y tuvo en sus manos el empate. En la siguiente jugada, le ocurrió lo mismo a Lewandowski, cuyo remate se marchó al travesaño, en plena boca de gol. Tras la jugada, Lamine tuvo tiempo para seguir generando peligro después de que le hubiesen anulado un gol. La Real se marchó de vacío de Barcelona, pendiente de los puestos de descenso y con la sombra de Imanol Alguacil más grande que nunca.


